Alineación en el papel, ¿resultados en la práctica?

Como cada sexenio, en nuestro país la publicación del Plan Nacional de Desarrollo (PND) define el rumbo que el gobierno en turno busca seguir; de este se desprenden diversos planes y programas en distintas áreas, como en materia de salud, tenemos el Programa Sectorial de Salud (PSS), el cual detalla las acciones específicas que contribuirán al cumplimiento de metas.

Por lo que, en términos simples, el PND establece el “qué”: fija directrices como garantizar el derecho a la salud, fortalecer el sistema público y reducir desigualdades en el acceso a los servicios. Mientras que el PSS se encarga de definir el “cómo”, en este caso: como ampliará la cobertura, fortalecerá la infraestructura, mejorará la distribución del personal sanitario y asegurará el abasto oportuno de medicamentos.

Un ejemplo claro para rectificar la alineación de los documentos, es la prioridad de garantizar el acceso efectivo a los servicios de salud. El PND plantea esta orientación como parte del fortalecimiento del sistema público y la garantía del derecho a la salud. El PSS retoma ese mandato y lo traduce en estrategias específicas como la unificación nacional de los servicios para personas sin seguridad social, la expansión territorial de los servicios para lograr cobertura total, el incremento de personal médico en zonas rurales, la mejora del equipamiento y la construcción de unidades de salud pendientes.

Aunque observamos en papel una alineación en prácticamente todos los objetivos, vale la pena reflexionar sobre la solidez que presentan. Entre las acciones sectoriales y los resultados esperados intervienen múltiples factores que pueden potenciar o limitar el logro de los mismos, como lo es la forma en que se materializa el acceso efectivo, más allá de tener cobertura, pensar en una continuidad de la atención, considerar la suficiencia presupuestal, la capacidad de gestión institucional o los determinantes sociales de la población. Aunque algunos de estos factores son reconocidos en los documentos, aún falta mayor claridad sobre cómo se ajustarán las estrategias ante posibles limitaciones o cambios en el contexto del país.

Por lo que, aunque la alineación estratégica exista en el diseño, los resultados dependen no solo de lo establecido en el papel, sino de la capacidad real del sistema para gestionar en ese conjunto más amplio de variables. Considero que es un acierto que haya concordancia en ambos documentos y es un primer paso; sin embargo, si esta alineación no se ejecuta, los planes pueden quedar reducidos a un requisito normativo más, que no logra un impacto real en la población.




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